sábado, 9 de mayo de 2020

¿La educación a examen?

Un breve ensayo sobre la realidad de la Educación en el Siglo XXI

 




Por Mg. Lic. Gustavo de Elorza Feldborg


Era febrero de 2020 y todo parecía estar bien para el comienzo de un nuevo ciclo lectivo en Argentina. El convocante ritmo de las reuniones iniciales de profesores, junto a sus equipos directivos, brindaban escenarios para el análisis y planificaciones de las acciones que más tarde implementarían con sus estudiantes dentro de los ámbitos escolares; por cierto... nada nuevo hasta acá, si lo comparamos con los últimos 30 años.

Algunos rumores y ciertas noticias comenzaban a ocupar gran parte del tiempo de las pantallas digitales en las arácnidas Redes Sociales, en ellas, se informaba sobre la mutación de un virus aparecido en Oriente, a lo cual, parecíamos ser indiferentes en la atención o al desconocimiento de lo que en realidad y luego de pocos meses desataría uno de los peores escenarios que los humanos y las sociedades todas, a escala mundial tendríamos que enfrentar.

Con el correr de los días, todo el sistema nervioso digital del mundo comenzó a referenciar y a dar señales en una escala informacional, y casi al nivel de infoxicación, que el virus de Oriente se expandía por el planeta con un mecanismo de contagio y a un ritmo letal.

Las sociedades a nivel global, fueron capturadas en su atención ante la urgente necesidad de saber más sobre él y como éste llegaría afectar a las personas.

La desorientación, que en muchos países reinaba, ante este enemigo invisible, muy difícil de discernir en sus movimientos estratégicos de contagio, parecía no tener respuestas.

Así empezó, en todos lados los mecanismos humanos de protección, y no tardó en llegar uno de los dispositivos sanitarios quizás más impensados para nuestra memoria “La Cuarentena”, tal vez, el menos deseado para un siglo en donde el desarrollo de la digitalización y la hiperculturalidad del mundo, se encuentran en plena fase de expansión en todo lo referido a conexiones, encuentros y nuevas formas de estar juntos.

Con el transcurso de los días, éstos se volvieron más alarmantes, las reorganizaciones de todas las esferas y actividades sociales se vieron vistas a reinventarse, por lo menos en las formas cotidianas de vivir.

La amenaza y letalidad del contagio - al cual quedamos enfrentados - obligó a los gobiernos del mundo a intervenir sectores considerados como “vulnerables” ante el fenómeno de una ya establecida “Pandemia”.

La educación no tardó en su anuncio, casi al unísono y de manera global, que los niños, niñas, jóvenes y adultos no podían, por lo menos por un tiempo, volver a encontrarse dentro de sus espacios educativos físicos.

Esta decisión, despertó en las instituciones educativas la adrenalina de una jugada de ajedrez, en donde ponía en jaque las formas y organizaciones del sistema educativo, el cual en su primera fase no tenía pensado y mucho menos, se encontraba preparado para interrumpir durante un largo período las acciones y las lógicas de una educación tradicional, lineal y casi me atrevo a decir estructuralmente presencial.

Así comenzó, un agotante camino para los sectores relacionados con procesos de enseñanza y de aprendizaje, y donde el mayor interrogante se encarnaba en la pregunta de: ¿cómo se lleva adelante una educación, donde nuestros estudiantes no están en forma presencial física junto a nosotros los educadores?

El virus aparecido en Oriente, ya con una presencia mundial, no sólo era letal para las personas, sino que también presentaba batalla y desafiaba a la organización del mundo tal cual lo conocíamos y vivíamos, pero que ahora debíamos reconsiderar y reinventar lo que antes teníamos como conocido y seguro.

De la noche a la mañana y casi sin darnos cuenta, nos encontramos que 516 millones de estudiantes en 73 países, se debían quedar en sus casas, ya que se habían suspendido sus clases presenciales.

El agravante para muchos de estos países, se encontraba en las formas estructurantes y rígidas de sus sistemas educativos, las cuales  continúan reflejando lógicas y organizaciones de una educación tradicional, lineal y obsoleta de corte industrial, desfasadas y muy desactualizadas ante las demandas del siglo XXI, cuyo eje y modelo organizador es la Hipercultura, es decir, una forma disruptiva de trabajo, pensamiento, comunicación y formas relacionales que operan en red, superando todos los límites físicos y donde las estructuras de las ideas y de nuestros procesos de pensamiento no responden a contextos organizacionales de linealidad y secuencialidad, como en los siglos pasados.

Nada nos dice cómo seguirá el avance de este subrepticio virus, que una vez se las ingenio para aparecer en Oriente..., tampoco sabemos a ciencia cierta por lo menos en el corto plazo, de donde vendrá la tan esperada vacuna que nos inmunice de esta Pandemia, y tampoco sabemos cómo serán las nuevas formas en que el mundo continuará su nueva organización en todas sus esferas.

Por ello, es necesario y casi urgente, comenzar a preguntarnos, analizar e instrumentar posibles escenarios educativos, mediante acertadas e inteligentes decisiones sobre políticas educativas, que nos permitan en estos tiempos y de aquí en adelante, dar soluciones educativas, que no sólo reflejen y se aliñen a la organización que el siglo XXI y la Hiperculturalidad exigen, sino, que podamos antes escenarios como los que nos tocan vivir, mantener la continuidad pedagógica con una respetable calidad educativa, donde el alcance educativo llegue a todos..., donde se brinden todos los medios, recursos, infraestructuras y ayudas  tecnológicas y dónde una buena conexión a Internet  garantice el acceso de oportunidad a los escenarios de no presencialidad física, si es que así debemos continuar.

Al día de hoy, las pantallas digitales y las Redes Sociales continúan replicando y viralizando información de sectores científicos e investigadores y también claro, no faltan las indeseadas Fake News, de cómo puede ser la posible cara de este enemigo invisible.

Lo que también es cierto, que fueron muy pocos los países que se encontraban preparados para conmutar la continuidad educativa de la forma presencial física a la presencial virtual y en línea, en cuanto al resto, luego de superar las primeras instancias en el desconocimiento de como resolver estas cuestiones para dar respuestas educativas, crearon con lo que encontraron a mano, una suerte de dispositivo tecno-pedagógico, que pronto nos permitirá evaluar la eficiencia de sus resultados.

 Mientras tanto, sólo nos queda seguir presentando batalla sin desalentarnos, teniendo en claro que la educación, hoy más que nunca está siendo evaluada y que este virus aparecido una vez en Oriente es su “principal evaluador”. 

 

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